A principios de la década de 1960 se construyó el edificio principal del Instituto Nacional del Carbón según el proyecto de D. Fernando Moreno Barberá.
La planta se resolvió con dos bloques rectangulares unidos en forma de “L”, destinados a laboratorios y oficinas, en cuya intersección se adosó el espacio destinado a Salón de Actos.
El edificio quedó volumétricamente resuelto con fachadas de ladrillo macizo cara vista tosco, con sillares de piedra abujardada en los zócalos y piedra lisa en los recercos de los huecos. Sin embargo, el Salón quedó sin uso, porque nunca fue acondicionado.
Con la presente rehabilitación se intervino, sobre todo, en el interior del edificio. Han sido determinantes las múltiples interacciones entre los nuevos espacios diseñados y los existentes debido a la diversidad de usos, la conexión entre ellos, la comunicación entre áreas privativas y de pública concurrencia del Centro y el funcionamiento alternativo y/o conjunto de los diferentes ámbitos del Instituto.
Algunos retos técnicos fueron los siguientes: se recalzó la cimentación existente mediante el empleo de micropilotes y vigas corridas, se reforzaron los pilares y vigas del plano inclinado del Salón de Actos, se realizó un nuevo “patio de butacas” manteniendo un espacio vacío inferior para la canalización del aire climatizado y se formalizó un forjado de 12,50 metros de vano sobre el Salón, ligero y de poco canto, para el soporte de las Oficinas.
La intervención es respetuosa con la imagen exterior del Centro, aun cuando se han renovado todos sus espacios. Sólo en casos muy puntuales se ha modificado la estética inicial del inmueble, como por ejemplo, con la creación del acceso exterior al vestíbulo principal, con la escalera acristalada que comunica todos los niveles, en la nueva terraza que amplía la Cafetería de la planta inferior y permite dar acceso al Salón en la superior y con la apertura del hueco en el frontal de la Sala de Reuniones de las Oficinas que se distribuyeron sobre el citado espacio representativo.